Medicina para la ignorancia

El cuerpo tieso emerge de la piscina de formol. Su rostro inmóvil, inexpresivo, acompaña el silencio de la sala. La primera estudiante de medicina, de pie junto a la mesa de disección, trabaja fuera de horario para equipararse con sus compañeros varones que la hostigan durante las clases. En un contexto de finales del siglo XIX y comienzos del XX donde el acceso a la educación para las mujeres era muy limitado, Paulina Luisi fue la primera de muchas estudiantes que  debieron enfrentar con coraje la opresión de una sociedad machista.

 

Primeras mujeres médicas

La primera mujer recibida de la carrera de Doctora en Medicina del Uruguay era argentina. Según escribió Milton Rizzi en su estudio sobre las primeras médicas del país, Paulina Luisi nació en Colón, provincia de Entre Ríos, en 1875. Sus padres, Ángel Luisi y Josefina Janicki, se mudaron a Uruguay cuando Paulina tenía dos años. Don Ángel había peleado junto a Giuseppe Garibaldi en la campaña de Francia de 1870 y pregonaba ideales socialistas, de acuerdo al texto de Graciela Sapriza, “Clivajes de la memoria: para una biografía de Paulina Luisi”.

Esta familia era partidaria de una ideología liberal, lo que propició que sus hijas se animaran a romper con la hegemonía del hombre en las carreras profesionales de la época. Tanto es así que su hermana Clotilde fue la primera abogada del Uruguay, Inés también se dedicó a la medicina y Luisa fue una reconocida poeta, tal como recuerda Fernando Beramendi en su texto “Paulina Luisi: La pícara naturaleza de una pionera”.

Paulina Luisi
Foto 1: Retrato de Paulina Luisi enviada a Aurora Curbelo, propiedad de Juan Maldonado.

Al igual que algunas de sus hermanas, Paulina Luisi estudió magisterio antes de dedicarse a la profesión que desarrollaría la mayoría de su vida. Ya como maestra recibida, en 1900 ingresó a la facultad donde rompería la tradición machista del país. Las diversas historias sobre los maltratos a los que la sometían sus compañeros de generación sobreviven hasta nuestros días. Uno de las más repetidas relata que en una ocasión le colocaron el pene de un cadáver dentro de su bolso para amedrentarla de proseguir con la carrera. Sin embargo, la personalidad determinada y combativa de Paulina la hizo continuar hacia adelante hasta convertirse el 9 de setiembre de 1908 en la primera mujer médica del Uruguay.

Su deseo de transformarse en una profesional de la salud se vio reflejado desde su juventud. “A los trece años, Paulina Luisi escribió en un pequeño cuaderno titulado ‘Composiciones’ que el médico tenía las cualidades de un demiurgo, para ella era ‘un dios’ laico que ‘podía devolver la vida, detener la sangre, enderezar al jorobado, dar habla al mudo, luz al ciego, luz de la inteligencia, cambiar agonía por sonrisa, alargar la vida. Puede con la higiene, redoblar los ciudadanos de una nación y mejorar los destinos de una raza’”, relató Graciela Sapriza en “Género y ciencia en América Latina: mujeres en la academia y en la clínica”, editado por Lizette Jacinto y Eugenia Scarzanella.

Se especializó en Ginecología y fue socia fundadora de la Sociedad de Pediatría de Montevideo en 1915, además de hacer lo propio con el Consejo Nacional de Mujeres, al cual presidió. Pero sumado a su faceta como profesional de la salud, Paulina fue tanto o más conocida por haber sido una parte vital del movimiento feminista, con el que tomó contacto en Francia en 1913, mientras estudiaba medidas de higiene social, según el mencionado texto de Sapriza.

En ese mismo título, se cita una frase de Paulina que marca su posición en cuanto al papel que debía tener la mujer. Según Sapriza, Luisi, que nunca se casó, “no vivió la soltería como una frustración” ya que un esposo era “alguien ante quien tendría que subordinar sus proyectos”.

VIDEO DE SAPRIZA SOBRE PAULINA LUISI

Además, repasa la frase que la médica escribió en 1918: “la educación femenina lejos de despertar y desarrollar el sentimiento de la personalidad tiende por el contrario a aniquilarlo en obsequio de la más o menos posible realización social de mujer casada, es decir, de ser humano obligado por las costumbres y las leyes a un perfecto renunciamiento de sus anhelos y sus ideas ante la personalidad de otro ser a quien debe obediencia y respeto”.

Entre otros logros de su carrera, se encuentran haber dirigido la revista Acción Femenina y haber presidido la Alianza Uruguaya de Mujeres para el sufragio femenino y la Asociación de Mujeres Universitarias. También fue poetisa, literata y ensayista.

Murió en Montevideo en 1950 a los 75 años. La Facultad de Medicina nombró una de las salas de su biblioteca en su honor y una calle de Malvín Norte lleva su nombre. Esta se dibuja en paralelo a otra llamada Adrián Troitiño, que también luchó por los derechos de sus iguales y fundó el sindicato de Canillitas.

Otras médicas

A la rupturista graduación de Paulina Luisi le siguieron la de Tula Rovira de Ricci y María Armand Ugón en 1909, Aurora Curbelo Larrosa en 1911, Alice Armand Ugón, hermana de María, en 1916 e Inés Luisi, hermana de Paulina, en 1917.

De acuerdo al listado de Milton Rizzi de las primeras médicas -publicado por el Sindicato Médico del Uruguay-, Tula Rovira fue Jefe de Clínica del Hospital de Caridad y tenía su consultorio en la calle Magallanes al N° 233. Se casó con Serafín Ricci, compañero de estudios y se domicilió en Minas, Lavalleja. Allí, junto a Aurora Curbelo Larrosa promovió la creación del sanatorio infantil “Gota de Leche”.

María y Alice Armand Ugón eran originarias de Colonia Valdense. De acuerdo a los relatos de Margarita Armand Ugón, sobrina de ambas, fueron parte de una familia de 12 hermanos -diez de los cuales fueron titulados-. Dentro de la medicina, María se dedicó a la ginecobstetricia y Alice fue pediatra. Sus impulsos por recibir una educación terciaria se vieron alentados desde pequeñas ya que su abuelo fundó en Colonia Valdense la primera escuela del Interior del país, donde también era profesor de diversas asignaturas.

Alice nació el 15 de enero de 1887 y falleció en 1992, a la edad de 105 años siendo, según Rizzi, la doctora más longeva hasta el momento. Margarita recordó el ímpetu con el que Alice recalcaba la importancia de la lactancia materna en los bebés: “recorría 18 de julio en carruaje para atender a los niños y llevar leche a las madres que precisaban”. Por su parte, María fue socia fundadora de la Sociedad de Pediatría de Montevideo y de la de Ginecobstetricia, además del Sindicato Médico del Uruguay, según recoge el listado de Milton Rizzi.

VIDEO DE MARGARITA ARMAND UGÓN

La cuarta médica en recibir su título en Uruguay fue Aurora Curbelo Larrosa. Nacida en Pan de Azúcar en 1884, era hija de Luis Curbelo Báez, un conocido curandero naturista e hidroterapeuta que se radicó en Minas al poco tiempo de nacer Aurora.

VIDEO DE AURORA CURBELO

Placa de bronce de Aurora Curbelo
Foto 2: Placa de bronce de Aurora Curbelo, propiedad de Aurora Laens.

Su rama de especialidad fue la ginecobstetricia y quedó a cargo del Sanatorio Curbelo tras la muerte de su padre. Luis Curbelo Báez es una figura tan recordada como misteriosa en la ciudad de Minas. Practicaba la hidroterapia -disciplina que Wikipedia define como “la utilización del agua como agente terapéutico, en cualquier forma, estado o temperatura yaque es la consecuencia del uso de agentes físicos como la temperatura y la presión”-, y la imposición de las manos como métodos de curación. En Minas, hasta el día de hoy sobrevive el rumor de que era espiritista y realizaba sus sesiones en la antigua casa de Aurora.

VIDEO DE DON LUIS CURBELO

La amistad más recordada de Aurora Curbelo fue la que entabló con Delmira Agustini. En una situación algo macabra, lo que las unió fue la neuralgia del trigémino que padecía la madre de Delmira, por la que viajaba seguido a Minas a atenderse con Don Luis. El vínculo que se creó entre las familias fue muy importante. Tanto es así que en una entrada del libro de visitas del sanatorio de Luis escrita por Delmira en enero de 1909, lo llama “padre mío” y agrega que “padre es quien da la vida en cualquier forma”. En otro pasaje de ese mismo texto, lo describe como “el hombre milagroso y sobrehumano, que para todos tiene en el corazón un trozo de amor y en las manos una fuente de vida”.

VIDEO DE DELMIRA

Otra de las primeras profesionales de la medicina fue Ema Elsa Tiribocchi de Álvarez, graduada en agosto de 1924, convirtiéndose así en la décimo primera doctora del Uruguay. Fue jefa de clínica adjunta de la primera Clínica Obstétrica y ayudante del Profesor Rodríguez López, según el citado listado de Rizzi.

María Julieta Tiribocchi, de 75 años, es la sobrina de Ema Elsa. La definió como una médica “fuera de serie” que la ayudó con los partos de cada uno de sus hijos. “Tenía un carácter muy fuerte”, señaló María Julieta, y agregó que “era muy directa y no aceptaba ni hacía chistes”. Su sobrina recuerda a la profesional como “muy seria”, “profesional” y “mandona”. “Era bien italiana”, remató.

Esa forma de ser la implementaba también mientras daba clases de historia natural en el Liceo Zorrilla, al que María Julieta asistía como alumna, lo que provocaba que sus compañeros se burlaran de ella. De acuerdo a los relatos de María Julieta, Ema Elsa Tiribocchi se casó ya en su adultez con el doctor Álvarez Canessa y no tuvo hijos. “Ella fue su tutora, la artífice de su carrera”, comentó.

Por otra parte, uno de los casos más curiosos que se encuentran entre las primeras profesionales de la salud es el de María Ernestina Carro, que se recibió de la carrera de medicina pero dedicó su vida a la religión, actuando como hermana salesiana en el Convento María Auxiliadora de Colón.

Carro nació el 2 de diciembre de 1894 y murió el 30 de abril de 1973, de acuerdo a una biografía suya escrita por sor María Collino, publicada en un documento en italiano llamado “Facciamo memoria”, brindado por personal del Convento de Colón. María Ernestina empezó a leer a los cuatro años y asistió al liceo Franco-Uruguayo. Se decidió a entrar en la medicina luego que falleciera su madre, Osvalda, en 1915. Consumó este deseo en 1918, a pesar de la falta de convencimiento de su padre. El texto recuerda que debía estudiar de noche porque a éste le causaba impresión ver los implementos necesarios para comprender la anatomía.

Durante el tercer año de la carrera, ingresó como estudiante a un instituto de Villa Colón, atraída por la figura de la Vírgen María y buscando “un nuevo acercamiento a la fe que siempre ha sentido”, de acuerdo al mencionado texto. Terminó por dedicarse de lleno a la vida religiosa y durante los años 30 y 40 fue profesora de niños en jóvenes, siempre en la zona de Colón. Sor María Collino la definió como “una mujer dulce y fuerte, sabia e inteligente, trabajadora e investigadora incansable de Dios”.

La hermana Inés vive actualmente en el convento y la definió como una mujer “recta y serena”, que no tenía reparos de darles “un buen reto” cuando se portaban mal. Además, mencionó que María Ernestina llevaba el registro del estado de salud del resto de las hermanas del convento.

AUDIO DE LA HERMANA INÉS

 

El rol de la mujer a fines del S.XIX y principios del S.XX

Los dedos se entrelazan y juntan las manos en un solo puño. Los anillos no se logran ver con detenimiento. El movimiento y la flexibilidad de las falanges acompañan la voz y aportan total seguridad a lo que Lourdes Peruchena cuenta en un salón de clase del 2014 acerca de la evolución anatómica que tuvieron las manos de las mujeres.

AUDIO 2 LOURDES PERUCHENA

La revolución industrial marcó un precedente para la mujer del siglo XX. El nuevo mercado laboral y la necesidad de cubrir la demanda de la época sacaron de la esfera privada a las mujeres de las clases más bajas y empujó a las clases más pudientes a plantearse un cambio paradigmático en la educación de un género que era por demás oprimido.

AUDIO 1 LOURDES PERUCHENA

En Uruguay, las mujeres de las clases más bajas coparon el mercado de trabajo obrero. Alguno de los ejemplos fueron la fábrica de fósforos donde el 70% de los recursos humanos eran mujeres. Por otro lado, las clases altas, las nuevas clases medias gozaban de las medidas batllistas y mandaban a estudiar a sus hijos. Las nenas separadas de los varones a partir de cuarto de escuela.

En este contexto, la realidad demográfica del país disminuyó de la familia grande patriarcal a la familia nuclear que Sapriza define como “Papá, Mamá y el casalcito”. En el tomo 3 de Historias de la vida privada en el Uruguay de José Pedro Barrán, Gerardo Caetano y Teresa Porzecanski, Yvette Trochon ejemplifica que las nuevas prácticas sexuales de la época generan una “ruptura total con el pasado” y llevan a “la implantación de un nuevo modelo demográfico”.

Los cambios comienzan, para Trochon, con las nuevas formas de relacionamiento de las mujeres en sus distintos ámbitos sociales donde “hombres y mujeres compartieron oficinas, aulas, fábricas, talleres, playas, cafés cines, etcétera.” Esto fue de la mano con el abandono por parte de las mujeres a viejas costumbres o imposiciones. En cuanto a la vestimenta “se calzaron pantalones”, “las polleras se acortaron y los escotes se pronunciaron”, también cambiaron los peinados, se puso de moda el corte “garçon y las melenitas de oro”, y optaron por otro tipo de costumbres más vinculadas a lo masculino como fumar o manejar.

En el mismo sentido, emergieron los grupos feministas como el Consejo Nacional de Mujeres y la Alianza Nacional de Mujeres fundados por Paulina Luisi y fuertemente apoyados por las políticas de José Batlle y Ordóñez (presidente entre 1903-1907 y 1911-1915).

Según Sapriza, dentro de los cambios más importantes se encontraba la secularización del Estado. Este fenómeno brindó a la medicina un espacio de autoridad en la sociedad, sobre todo con la idealización del médico como científico reconocido. Para la docente, al no tener la figura del  cura como elemento disciplinador, la medicina comenzó a ocupar ese lugar, con el médico como estandarte.

La ciencia colaboró en reprimir cualquier acto de libertad sexual e incluso Paulina Luisi desde el lugar de médica proclamaba el disciplinamiento del cuerpo para combatir la sífilis y la prostitución. A pesar que Luisi se definía como laica, predicaba la castidad y la contención en la educación sexual que brindaba en la cátedra de Higiene Social para el Magisterio entre 1925 y 1930.

VIDEO SAPRIZA SOBRE LA MUJER EN EL S. XX

Reinaba una gran preocupación en la propagación de la sífilis. En mérito de evitar que la enfermedad se expandiera, hubo una gran cantidad de instituciones que reprimieron la libertad sexual. Según Trochon, “la sífilis unía cual cordón invisible, dos mundos aparentemente separados: el del burdel y el del hogar”.

Para Sandra Burgues, docente de la cátedra de Sociedad de Historia de la Medicina, en tiempos que las mujeres luchaban por lograr el sufragio, donde se aprobaba la ley de la silla (1908) y se pasaba por tres leyes de divorcio hasta llegar al aprobado en 1913, “por la sola voluntad de la mujer”, el sexo femenino continuaba alejado de los círculos de poder y las mujeres eran subestimadas.

Cuenta la doctora especializada en historia que en 1906 el Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal,  en uno de sus textos enunciaba que para ser un buen investigador se debía conseguir una esposa que fuera una buena ama de casa, que prepare la comida, ordene el hogar para no tener que perder tiempo en pequeñeces domésticas.

El machismo reinante de la época exigía de manera natural y legal que la actividad de la mujer estuviera vinculada a las tareas domésticas o las profesionales abocadas a los cuidados. Estos prejuicios estaban tan instaurados en la sociedad que hasta personalidades liberales como Carlos Vaz Ferreira defendían a la mujer desde un “feminismo de compensación”. El pensador colorado utilizaba este argumento para destacar y justificar la vocación de las mujeres por el magisterio.

La realidad de la mujer ha cambiado en relación a los comienzos del siglo XX, pero según Lourdes Peruchena falta mucho para que las condiciones se igualen. Si bien las mujeres gozan de derechos y van ganando más lugar en las distintas áreas de la esfera pública, continúan siendo un grupo minoritario en los sitios de toma de decisiones.

 

Educación: cómo era el acceso, quiénes estudiaban, otras carreras.

El 149 se detiene en la esquina de Yatay y General Flores. Las jóvenes dejan a sus espaldas el Palacio Legislativo mientras marchan hacia el callejón de la Facultad de Medicina. Las pocas cuadras que separan a los dos edificios son testigo de la innumerable cantidad de mujeres que transitan a diario y que en otra época solo podían soñar con visitar.

En el Código Civil de 1900 la mujer estaba tan limitada que no podía administrar dinero, por más que fuera suyo, ni elegir en dónde vivir. Toda su vida debía ser administrada por un hombre, ya sea el padre como el esposo, un hermano e inclusive un hijo. Por esto mismo, para la mujer, el hecho de poder estudiar implicaba la posibilidad de independizarse.

A comienzos del siglo XX, el número de niñas inscriptas en la Enseñanza Primaria representaba un 46% del total de inscriptos. A pesar que en la matrícula no hubiese tanta diferencia entre niños y niñas, oscilando alrededor del 52% y 47% respectivamente, durante la primera mitad del siglo la asistencia media de los varones duplicaba al de las niñas. Además, cuenta la licenciada Carmen Beramendi, directora del Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), que aunque se hubiese logrado abrir alguna puerta para la mujer en la Enseñanza Secundaria, continuaban existiendo muchos problemas para que las mismas ingresen.

AUDIO BERAMENDI

Los cambios lentos pero a la vez innovadores impulsados por los grupos progresistas anteriormente nombrados, colaboraron con la apertura a más mujeres en las aulas. En su defensa estratégica del concepto de “feminismo de compensación”, se refería a la búsqueda de corregir la situación de desventaja en la que estaba la mujer. Era una idea sobre la emancipación femenina propuesta por los políticos progresistas.

Sin embargo, esta idea emancipadora seguía vinculando a la mujer a tareas como la maternidad y el cuidado del hogar. Esto se vincula directamente con los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadísticas recabados por el Censo General de la República del año 1908, que mostraban que “de los 923 maestros existentes en el país, 781 eran mujeres, lo que muestra el indiscutible predominio del sexo femenino en esta orientación educacional”.

La historiadora Lourdes Peruchena amplía esta idea y la traslada también al ámbito de la medicina. Afirma que la mujer podía acercarse a esa rama por la relación de esta con la lógica del servicio de cuidados. También critica Peruchena que las médicas sólo atendían a mujeres y niños.

AUDIO 3 LOURDES PERUCHENA

Una de las primeras reformas que hace el batllismo es dictar dos leyes vinculadas a la Enseñanza Secundaria, una de ellas referente a la creación de la Universidad o Liceo de mujeres en 1912. Entre ese año y el siguiente la inscripción en el primer año de secundaria fue de 636 hombres y 329 mujeres.

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En esta época los estudios universitarios eran altamente valorados y otro factor importante que influyó en la apertura de la enseñanza fue el rol que cumplieron los inmigrantes. El inmigrante que traía consigo la costumbre del trabajo que tuvo la posibilidad de crecer y enriquecerse aumentó la clase media del país. De esta manera, se propulsó el número de inscripciones en los estudios universitarios.

Si bien la enseñanza era gratuita, “para poder estudiar en la universidad tenías que tener alguien que te apoyara por largos períodos de tiempo”, afirma Sapriza, “sobre todo en las clases populares donde los niños comenzaban a trabajar desde pequeñitos”.

La educación de las mujeres era un pilar fundamental para los proyectos progresistas. Esto se debía a que las que eran educadas eran las más capacitadas para darles mejores oportunidades de enseñanza a sus hijos. El hecho de que en la sociedad comenzara a haber niños más educados -inclusive desde los mismos hogares-, garantizaba que toda la inversión del Estado pudiera reproducirse.

VIDEO SAPRIZA SOBRE LA EDUCACIÓN

Según datos recopilados por el Consejo Nacional de Mujeres, dentro de las primeras en recibir un título universitario encontramos a: Adela Paretti en la Escuela de Parteras, obteniendo un título en obstetricia en 1881; Alma Armand Ugón como química farmacéutica en 1906; Paulina Luisi, titulada médica en 1908; Clotilde Luisi, recibida de abogada en 1911; Ana Armand Ugón, creadora de las Escuelas del Hogar de Colonia Valdense en 1911; María Luisa Machado Bonet, la primera mujer en ejercer la carrera de notariado, recibiéndose en 1923, aunque recién pudo ejercer a partir de 1926 cuando se abolió el precepto legal que lo impedía; Juana Pereira y Emilia Bedek Palumbo, primeras ingenieras civiles en 1920. En el mismo años se recibió Iris Casullo en odontología, Modesta Ubeda de agrimensora, María Morales de contadora, Ana María Federíci en perito mercantil. Además, en 1923 se recibió Julia Guarino Fletcher de arquitecta, siendo la primera en todo América del Sur.

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